Mandalay Bay Hotel & Casino, Las Vegas, Estados Unidos.
En juego el cinturón mundial IBF del peso superpluma vacante.
La gran mayoría de los analistas y aficionados estadounidenses se llevaron las manos a la cabeza al conocer el veredicto del combate entre Farmer y Ogawa, no pudiéndose creer que el japonés hubiese recibido el veredicto favorable. Junto a ellos, los comentaristas británicos de Sky entraron prácticamente en estado de shock al conocer el resultado, pensando estos, como los anteriores, que habían visto otro combate y que Farmer merecía ganar. No, no habían visto otro duelo y, no, el resultado no había sido el atroz robo contra el que clamaban, sino que ellos eran los que lo habían interpretado errónea y sesgadamente.
Tevin Farmer 25(5KO)-5(2)-1 es una figura peculiar. Aunque nadie le prestó adecuada atención al inicio de su carrera, en la que tuvo que desplazarse por la geografía estadounidense para medirse a oponentes invictos, sumando desfavorables resultados, después de su tropiezo ante José Pedraza, en su duodécima pelea, se había labrado una fama de valiente y competente boxeador además de las simpatías de muchísimos. Así, a continuación, y aunque siguió arrastrando inapropiadamente la etiqueta de “jornalero”, se le empezó a construir una carrera perfectamente conducida y se le protegió con enfrentamientos ante oponentes asequibles, por lo que, a base de paciencia y esfuerzo, se labró un camino hacia el top 15, donde alegó que los púgiles insignes le evitaban y donde logró buenas victorias ante Gamaliel Díaz e Ivan Redkach.
De todos modos, obviando totalmente su etapa de asequibles victorias, la realidad se deformó, convirtiéndose su trayectoria en una conmovedora historia de superación al asegurarse que había sido toda la vida flagelado por su condición de jornalero y que sólo por su excelente técnica había llegado hasta la cumbre mundial, donde capturando el cetro vacante apuntaba a un interesante choque entre estadounidenses, preparado desde hacía meses, ante Gervonta Davis. Si a esto se le suma que recibió un disparo meses atrás de su choque mundialista y padeció una lesión en el hombro, la opinión pública estaba totalmente ganada para su causa.
Es por esto que una ingente masa de aficionados y expertos ni siquiera podía concebir antes del combate que pudiese perder ante Ogawa, un campeón nacional japonés con mucha pegada y buena experiencia, con ventaja en altura y elevadamente combativo y resistente. Es el claro posicionamiento del lado de uno de los boxeadores lo que explica porque los comentaristas de Sky, sin ser estadounidenses y sin jugarse nada en la pugna, interpretaron de forma totalmente irreal la pelea, en la que, según ellos, Farmer se impuso por 119-110, cartulina realmente ridícula y espantosa en la que se dejaron llevar por la historia aleccionadora de quien llegó a recibir la etiqueta de “jornalero de élite”, no siendo ni una ni la otra cosa.
Dejando de lado las reacciones desproporcionadas de los analistas norteamericanos, quienes no protestaron cuando los jueces y el árbitro robaron dos peleas a Sergey Kovalev o cuando lo hicieron contra muchos otros boxeadores no estadounidenses, lo cierto es que la derrota de Farmer fue causada enteramente por su error táctico y estratégico. Su actividad combativa fue realmente insuficiente y su rendimiento irregular, conectando alguna clara contra aquí o allá pero no manteniendo un sostenido desempeño, cosa que si que hacía un Ogawa que trabajaba firmemente con su gancho zurdo y su directo. De esta manera, mientras los comentaristas británicos otorgaban asaltos a Farmer en los que conectó sólo un par de buenas manos y realizaba alguna plástica esquiva, los observadores imparciales podían ver que el visitante se mantenía sólido en su empeño, superando a su rival claramente en frecuencia y acierto la mayoría del tiempo desde el cuarto asalto en adelante.
Dado que los rounds no se otorgan a quien logra hacer una única mejor esquiva o a quien conecta la mano más brillante en un asalto, Ogawa capturó la mayoría o casi la totalidad de los episodios en la segunda mitad porque lograba mantener una línea de rendimiento elevada y estable a diferencia de un Farmer que se perdía en su exceso de confianza y en su falta de trabajo, que no aprovechaba sus cualidades y que no tenía suficiente con sus inesperadas pero escasísimas contras para asegurarse los asaltos.
Lo raro es que, en lugar de beneficiar al boxeador local como es habitual, al terminar el choque dos de los jueces se mostraron extrañamente imparciales y otorgaron cartulinas favorables a Ogawa por 116-112 y 115-113, que parecen perfectamente justificables. El tercer juez dio un 112-116 a favor del estadounidense, que igualmente ni se asemeja al 119-110 dado por Sky, si bien éste también se dejó influenciar por los destellos de un Farmer que tiene que aprender que limitándose a moverse y fintar lanzando una mano cada medio minuto no se pueden ganar asaltos. Por su parte, Ogawa 23(17KO)-1(1) es un boxeador que está muy por debajo en cuanto a habilidad respecto a la cumbre de la división del peso superpluma, pero que por tenacidad, voluntad y contundencia puede ser una prueba difícil para cualquier rival, de modo que quizás tenga un reinado relativamente corto pero dejará alguna gran pelea por el camino.
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viernes, 15 de diciembre de 2017
martes, 26 de septiembre de 2017
Parker-Fury, una polémica más con un claro beneficiado
En un choque que no estuvo a la talla de lo que se espera de un campeonato mundial del peso pesado, el monarca WBO de la división máxima Joseph Parker conservó su cinturón derrotando a su retador oficial Hughie Fury con una decisión mayoritaria que ha levantado una notable polémica. Y es que Fury no anotó golpes de poder en suficiente número y Parker erró una cantidad incontable de puños, haciendo que las lecturas del choque hayan sido de lo más variadas. En cualquier caso, los jueces dieron cartulinas de doble 118-110 y 114-114, que sirvieron al neozelandés para poder seguir apuntando a combates ante la élite de la división, a la que no parece que pueda batir.
La contienda tuvo un desarrollo monótono, con Parker persiguiendo constantemente a un Fury que se desplazaba cercano a las cuerdas tirando su jab. Hay que subrayar que ninguno de los dos boxeadores hizo incontestable su primacía, puesto que la presión de Parker resultaba irregular e ineficaz, no logrando alcanzar la distancia corta más que en desordenadas embestidas, y Fury ni siquiera contaba con precisión o contundencia en su jab, prácticamente el único golpe que lanzaba, por lo que hubo diversos asaltos que tuvieron muy poco que destacar en cuanto a acciones ofensivas efectivas.
En el ámbito contrario, en acierto defensivo, Hughie Fury sí ofreció una actuación abrumadoramente superior, dado que hubo varios rounds en los que Parker no acertó ni una sola mano, llegando a lanzar series de media decena de golpes de los que no estaba cerca de anotar ninguno de ellos. Para evitarlos, Fury no sólo tiraba de movilidad, sino que se dejaba caer sobre las cuerdas para quedar fuera del alcance del visitante, al que también esquivó, con leves giros de cintura u hombros, y bloqueó.
Ciertamente, los ataques de Parker eran tan previsibles, precipitados y desordenados que Fury no tuvo problemas para evitar casi la totalidad de ellos. Además, cuando el campeón logró permanecer en la distancia corta, el local recurría a un clinch que fue la última arma utilizada para neutralizar al neozelandés. Por otro lado, no hay que olvidar que entre todas las ofensivas erradas por parte de Parker, y a pesar de que Fury se centró demasiado en un jab flojísimo, en ocasiones el retador conectó claros contragolpes en uppercut, hook o incluso directo.
La excepción a esta tónica, en la que Parker también tuvo largos periodos de inactividad, llegó en los últimos rounds cuando el campeón sí que consiguió anotar algunas manos claras, como un par de derechas en el último episodio. Con todo, esto no sirvió para modificar la percepción de que su actuación fue nefasta.
Dicho esto, que dos jueces otorgasen todos los asaltos menos dos a Parker es, una semana más, una atroz ignominia y un claro signo de corrupción. Y es que otorgarle diez asaltos a Parker significa que se le dieron rounds en los que no acertó ni un sólo golpe, cosa que resulta a todas luces injustificable. Es cierto que los puños de Fury fueron sumamente escasos, pero entre decantarte por un boxeador que falla todos y cada uno de sus golpes y otro que lanza un par y anota un par la elección resulta sencilla por el segundo, ya que lo que se valora en un round de boxeo es la efectividad ofensiva. Por otro lado, hay algunos que señalan vehementemente que como Parker tuvo un mejor final, después de un desarrollo tedioso, él merece la victoria, pero esta valoración significa simplemente que quienes afirman esto no saben como se puntúa un combate de boxeo. Da igual que los últimos dos rounds sean los mejores de la historia del deporte para el púgil A, que si el púgil B ha ganado los diez anteriores haciendo sólo lo justo y necesario, igualmente, el púgil B será el vencedor claro de la contienda por 118-110. De todos modos, hay que destacar que ni Parker tuvo una reacción final tan buena, al contrario, ni Fury hizo lo suficiente para hacer incuestionable su dominio.
De todos modos, se debe dejar claro algo. Es verdad que Fury recurrió a una potencia de golpeo ridículamente baja, al igual que su cadencia, pero si contamos que la efectividad defensiva es un criterio a tener en cuenta en la valoración de un episodio, todos los rounds que estuvieron igualados y no tuvieron acciones ofensivas destacadas deberían ir a parar al boxeador que mejor defensa mostró, indudablemente Fury, que así merecería la victoria con cierto margen. Pese a ello, los jueces optaron por sobrevalorar la presión, como si por ella exclusivamente un boxeador, sin lanzar manos, pudiese hacerse con un round. Si las acciones defensivas no cuentan para ganar un combate, habría que dudar de los resultados de una gran cantidad de combates de Jack Johnson, Willie Pep, Pernall Whitaker, Floyd Mayweather y de los demás expertos defensivos. Pero las cosas no funcionan así. Por otra parte, cuando a la cúpula boxística le interesa que Mayweather conserve su 0 contra Maidana o Castillo, los jueces se olvidan de la tendencia mayoritaria de decantarse, en caso de duda, por los boxeadores que presionan. En cambio, cuando a la élite dirigente del boxeo le interesa la victoria de Parker, los jueces se sacan de la chistera, como el mejor de los magos, un doble 118-110 para premiar simplemente el caminar hacia delante, porque el neozelandés no boxeó, sólo se comportó como un perro de presa sin instinto, astucia, velocidad o fiereza.
De nuevo, no hay que pensar que Fury hizo una gran actuación, porque por momentos resultó penoso que consumiese minutos sin intentar ni siquiera conectar una mano. Pero, igualmente, Parker no hizo ningún honor a su corona mundial del peso pesado, ya que boxeó como un púgil de nivel bajo que no tiene otro recurso más que su avance frontal o como un novato que se piensa que puede ganar por ser sólo más fuerte que su oponente. Es por ello que, aunque ha habido algunos monarcas WBO bastante cuestionables, y excluyendo a los titulares regulares e interinos WBA, Joseph Parker es uno de los peores boxeadores que ha logrado una corona mundial en la historia del peso pesado.
La diferencia con boxeadores de las primeras épocas (no sólo en el caso de Parker, también en el de otros) es que es más alto y pesa nada más y nada menos que 111 kg, pero por lo demás, cualquier púgil destacado en la historia de la categoría podría darle una lección de boxeo, incluso los considerados como más toscos, cosa que no hace más que poner de manifiesto que quienes dicen que el peso pesado está renaciendo y que se encamina a una nueva edad dorada se equivocan.
Enlazando con este tema hay que responder a una cuestión, puesto que puede surgir la pregunta de porqué a los titiriteros que mueven los hilos del boxeo les interesa la victoria de Parker. La respuesta es muy sencilla. Actualmente la cumbre libra por libra está en teoría vacía (esta idea surge de los medios estadounidenses que se niegan a poner en el número 1 a alguien que no encaje con sus consideraciones político-sociales), y se busca una nueva figura que la llene, siendo para muchos el elegido Anthony Joshua.
Además, se pretende que Joshua se convierta en una nueva figura histórica de la división que mueva millones sólo por su fama. Para que Joshua se haga un nombre destacado uno de los aspectos ineludibles es que logre ser titular unificado y para ello se necesita al monarca WBO Joseph Parker. Se dice que al final del camino puede haber una unificación total ante Deontay Wilder, pero antes de ello, Joshua seguramente se encamine a una unificación ante Parker que no tendrá ningún problema en superar, como no lo tendría ningún boxeador de la élite, incluso de la actual. Muchos considerarán que Hughie Fury no habría generado dificultades a Joshua, cosa que puede ser cierta, pero siempre habría un riesgo de que su heterodoxia y su buena defensa hiciesen que Joshua no luciese o incluso que se agotase por su gran musculatura, que le haría cobrarse un precio alto con cada uno de sus errores. Pero ante Parker no habrá dificultad alguna, y la victoria antes del límite es segura, puesto que no hay ni un sólo elemento destacable en su boxeo.
Así, otra vez las piezas encajan. ¿Porqué dar un 118-110 doble sin sentido contra Hughie Fury? Porque interesa una unificación entre Joshua y Parker, que es una víctima propiciatoria. Seguramente muchos no vean que se están poniendo las bases para, explotando las cualidades de un buen boxeador (algo innegable) como Joshua, crear un icono boxístico, algo que está en marcha desde antes de su debut profesional.
Aunque un año antes de su participación en los Juegos Olímpicos fue arrestado por posesión e intento de distribución de drogas, cosa que podría haberle supuesto una pena de cárcel de 14 años en Reino Unido, se le impusieron trabajos sociales y ni si quiera se le apartó de la participación en los Juegos de Londres, donde, a pesar de no imponerse sobre el ring a Dychko y Cammarrelle, los jueces le dieron victorias que le supusieron una medalla de oro inmerecida.
Posteriormente, debutó como profesional con un grado de atención incomprensible, rebosando las páginas de diversos medios cuando sólo noqueaba a púgiles modestísimos. Sus problemas ante Dillian Whyte se minimizaron, adquirió su corona IBF ante un Charles Martin que no merecía el título que poseía (Glazkov se lesionó una pierna en la pelea por el cetro vacante) y posteriormente sus victorias ante Breazeale y Molina, que no eran púgiles merecedores ni siquiera del top 10, se volvieron a sobrevalorar. Finalmente, aunque Tyson Fury no había recibido más que faltas de respeto por su formidable victoria ante un Wladimir Klitschko que había reinado durante una década, Joshua recibió desbordantes e incomprensibles loas por batir al mismo Klitschko posteriormente, cuando además "AJ" estuvo a punto de ser noqueado en esa misma pelea. Como siempre, el hilo conductor queda claro para el que quiera verlo, pero es difícil cuando todos los agentes mediáticos substituyen cada crítica por una alabanza. Así, su turbio pasado, que es arrojado a la cara de otros boxeadores flagelando su confianza y su moral, es sólo una “historia de superación” y sus fáciles triunfos ante rivales modestos son “la muestra de su grandeza”.
En la historia de todos los deportes se han creado figuras icónicas de forma artificial, porque es tan sencillo como valorar de más los logros de alguien para conseguir que los organizadores se lleven ingentes sumas de dinero (como pasa ahora con Joshua y antes con Mayweather, hablando de boxeo). Todo ello sin olvidar las repercusiones, socio-políticas que estas figuras pueden tener en un determinado contexto. Por ello, con todos los intereses favoreciendo el auge de Joshua será difícil que, contando además con muchas cualidades, no se logre que se convierta en poco tiempo en la figura central del pugilismo, sino lo es ya para muchos. Es por esto que sólo nos queda esperar que no se incumplan las normas para que Joshua siga elevando su consideración, que, por el bien del boxeo, le lleguen retos de calidad que no queden truncados por el camino de forma más que extraña, como en el caso del Wilder-Povetkin, y que una vez que se lleven a cabo irregularidades los destellos de su fama no cieguen a los aficionados, que siempre serán los garantes de velar porque la historia del boxeo y sus grandes nombres no sean sustituidos por combates mal emparejados y púgiles sobrevalorados.
La contienda tuvo un desarrollo monótono, con Parker persiguiendo constantemente a un Fury que se desplazaba cercano a las cuerdas tirando su jab. Hay que subrayar que ninguno de los dos boxeadores hizo incontestable su primacía, puesto que la presión de Parker resultaba irregular e ineficaz, no logrando alcanzar la distancia corta más que en desordenadas embestidas, y Fury ni siquiera contaba con precisión o contundencia en su jab, prácticamente el único golpe que lanzaba, por lo que hubo diversos asaltos que tuvieron muy poco que destacar en cuanto a acciones ofensivas efectivas.
En el ámbito contrario, en acierto defensivo, Hughie Fury sí ofreció una actuación abrumadoramente superior, dado que hubo varios rounds en los que Parker no acertó ni una sola mano, llegando a lanzar series de media decena de golpes de los que no estaba cerca de anotar ninguno de ellos. Para evitarlos, Fury no sólo tiraba de movilidad, sino que se dejaba caer sobre las cuerdas para quedar fuera del alcance del visitante, al que también esquivó, con leves giros de cintura u hombros, y bloqueó.
Ciertamente, los ataques de Parker eran tan previsibles, precipitados y desordenados que Fury no tuvo problemas para evitar casi la totalidad de ellos. Además, cuando el campeón logró permanecer en la distancia corta, el local recurría a un clinch que fue la última arma utilizada para neutralizar al neozelandés. Por otro lado, no hay que olvidar que entre todas las ofensivas erradas por parte de Parker, y a pesar de que Fury se centró demasiado en un jab flojísimo, en ocasiones el retador conectó claros contragolpes en uppercut, hook o incluso directo.
La excepción a esta tónica, en la que Parker también tuvo largos periodos de inactividad, llegó en los últimos rounds cuando el campeón sí que consiguió anotar algunas manos claras, como un par de derechas en el último episodio. Con todo, esto no sirvió para modificar la percepción de que su actuación fue nefasta.
Dicho esto, que dos jueces otorgasen todos los asaltos menos dos a Parker es, una semana más, una atroz ignominia y un claro signo de corrupción. Y es que otorgarle diez asaltos a Parker significa que se le dieron rounds en los que no acertó ni un sólo golpe, cosa que resulta a todas luces injustificable. Es cierto que los puños de Fury fueron sumamente escasos, pero entre decantarte por un boxeador que falla todos y cada uno de sus golpes y otro que lanza un par y anota un par la elección resulta sencilla por el segundo, ya que lo que se valora en un round de boxeo es la efectividad ofensiva. Por otro lado, hay algunos que señalan vehementemente que como Parker tuvo un mejor final, después de un desarrollo tedioso, él merece la victoria, pero esta valoración significa simplemente que quienes afirman esto no saben como se puntúa un combate de boxeo. Da igual que los últimos dos rounds sean los mejores de la historia del deporte para el púgil A, que si el púgil B ha ganado los diez anteriores haciendo sólo lo justo y necesario, igualmente, el púgil B será el vencedor claro de la contienda por 118-110. De todos modos, hay que destacar que ni Parker tuvo una reacción final tan buena, al contrario, ni Fury hizo lo suficiente para hacer incuestionable su dominio.
De todos modos, se debe dejar claro algo. Es verdad que Fury recurrió a una potencia de golpeo ridículamente baja, al igual que su cadencia, pero si contamos que la efectividad defensiva es un criterio a tener en cuenta en la valoración de un episodio, todos los rounds que estuvieron igualados y no tuvieron acciones ofensivas destacadas deberían ir a parar al boxeador que mejor defensa mostró, indudablemente Fury, que así merecería la victoria con cierto margen. Pese a ello, los jueces optaron por sobrevalorar la presión, como si por ella exclusivamente un boxeador, sin lanzar manos, pudiese hacerse con un round. Si las acciones defensivas no cuentan para ganar un combate, habría que dudar de los resultados de una gran cantidad de combates de Jack Johnson, Willie Pep, Pernall Whitaker, Floyd Mayweather y de los demás expertos defensivos. Pero las cosas no funcionan así. Por otra parte, cuando a la cúpula boxística le interesa que Mayweather conserve su 0 contra Maidana o Castillo, los jueces se olvidan de la tendencia mayoritaria de decantarse, en caso de duda, por los boxeadores que presionan. En cambio, cuando a la élite dirigente del boxeo le interesa la victoria de Parker, los jueces se sacan de la chistera, como el mejor de los magos, un doble 118-110 para premiar simplemente el caminar hacia delante, porque el neozelandés no boxeó, sólo se comportó como un perro de presa sin instinto, astucia, velocidad o fiereza.
De nuevo, no hay que pensar que Fury hizo una gran actuación, porque por momentos resultó penoso que consumiese minutos sin intentar ni siquiera conectar una mano. Pero, igualmente, Parker no hizo ningún honor a su corona mundial del peso pesado, ya que boxeó como un púgil de nivel bajo que no tiene otro recurso más que su avance frontal o como un novato que se piensa que puede ganar por ser sólo más fuerte que su oponente. Es por ello que, aunque ha habido algunos monarcas WBO bastante cuestionables, y excluyendo a los titulares regulares e interinos WBA, Joseph Parker es uno de los peores boxeadores que ha logrado una corona mundial en la historia del peso pesado.
La diferencia con boxeadores de las primeras épocas (no sólo en el caso de Parker, también en el de otros) es que es más alto y pesa nada más y nada menos que 111 kg, pero por lo demás, cualquier púgil destacado en la historia de la categoría podría darle una lección de boxeo, incluso los considerados como más toscos, cosa que no hace más que poner de manifiesto que quienes dicen que el peso pesado está renaciendo y que se encamina a una nueva edad dorada se equivocan.
Enlazando con este tema hay que responder a una cuestión, puesto que puede surgir la pregunta de porqué a los titiriteros que mueven los hilos del boxeo les interesa la victoria de Parker. La respuesta es muy sencilla. Actualmente la cumbre libra por libra está en teoría vacía (esta idea surge de los medios estadounidenses que se niegan a poner en el número 1 a alguien que no encaje con sus consideraciones político-sociales), y se busca una nueva figura que la llene, siendo para muchos el elegido Anthony Joshua.
Además, se pretende que Joshua se convierta en una nueva figura histórica de la división que mueva millones sólo por su fama. Para que Joshua se haga un nombre destacado uno de los aspectos ineludibles es que logre ser titular unificado y para ello se necesita al monarca WBO Joseph Parker. Se dice que al final del camino puede haber una unificación total ante Deontay Wilder, pero antes de ello, Joshua seguramente se encamine a una unificación ante Parker que no tendrá ningún problema en superar, como no lo tendría ningún boxeador de la élite, incluso de la actual. Muchos considerarán que Hughie Fury no habría generado dificultades a Joshua, cosa que puede ser cierta, pero siempre habría un riesgo de que su heterodoxia y su buena defensa hiciesen que Joshua no luciese o incluso que se agotase por su gran musculatura, que le haría cobrarse un precio alto con cada uno de sus errores. Pero ante Parker no habrá dificultad alguna, y la victoria antes del límite es segura, puesto que no hay ni un sólo elemento destacable en su boxeo.
Así, otra vez las piezas encajan. ¿Porqué dar un 118-110 doble sin sentido contra Hughie Fury? Porque interesa una unificación entre Joshua y Parker, que es una víctima propiciatoria. Seguramente muchos no vean que se están poniendo las bases para, explotando las cualidades de un buen boxeador (algo innegable) como Joshua, crear un icono boxístico, algo que está en marcha desde antes de su debut profesional.
Aunque un año antes de su participación en los Juegos Olímpicos fue arrestado por posesión e intento de distribución de drogas, cosa que podría haberle supuesto una pena de cárcel de 14 años en Reino Unido, se le impusieron trabajos sociales y ni si quiera se le apartó de la participación en los Juegos de Londres, donde, a pesar de no imponerse sobre el ring a Dychko y Cammarrelle, los jueces le dieron victorias que le supusieron una medalla de oro inmerecida.
Posteriormente, debutó como profesional con un grado de atención incomprensible, rebosando las páginas de diversos medios cuando sólo noqueaba a púgiles modestísimos. Sus problemas ante Dillian Whyte se minimizaron, adquirió su corona IBF ante un Charles Martin que no merecía el título que poseía (Glazkov se lesionó una pierna en la pelea por el cetro vacante) y posteriormente sus victorias ante Breazeale y Molina, que no eran púgiles merecedores ni siquiera del top 10, se volvieron a sobrevalorar. Finalmente, aunque Tyson Fury no había recibido más que faltas de respeto por su formidable victoria ante un Wladimir Klitschko que había reinado durante una década, Joshua recibió desbordantes e incomprensibles loas por batir al mismo Klitschko posteriormente, cuando además "AJ" estuvo a punto de ser noqueado en esa misma pelea. Como siempre, el hilo conductor queda claro para el que quiera verlo, pero es difícil cuando todos los agentes mediáticos substituyen cada crítica por una alabanza. Así, su turbio pasado, que es arrojado a la cara de otros boxeadores flagelando su confianza y su moral, es sólo una “historia de superación” y sus fáciles triunfos ante rivales modestos son “la muestra de su grandeza”.
En la historia de todos los deportes se han creado figuras icónicas de forma artificial, porque es tan sencillo como valorar de más los logros de alguien para conseguir que los organizadores se lleven ingentes sumas de dinero (como pasa ahora con Joshua y antes con Mayweather, hablando de boxeo). Todo ello sin olvidar las repercusiones, socio-políticas que estas figuras pueden tener en un determinado contexto. Por ello, con todos los intereses favoreciendo el auge de Joshua será difícil que, contando además con muchas cualidades, no se logre que se convierta en poco tiempo en la figura central del pugilismo, sino lo es ya para muchos. Es por esto que sólo nos queda esperar que no se incumplan las normas para que Joshua siga elevando su consideración, que, por el bien del boxeo, le lleguen retos de calidad que no queden truncados por el camino de forma más que extraña, como en el caso del Wilder-Povetkin, y que una vez que se lleven a cabo irregularidades los destellos de su fama no cieguen a los aficionados, que siempre serán los garantes de velar porque la historia del boxeo y sus grandes nombres no sean sustituidos por combates mal emparejados y púgiles sobrevalorados.
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miércoles, 20 de septiembre de 2017
¿Qué respuestas nos ha dado el Golovkin-Canelo?
Antes de que comenzase el campeonato mundial WBC, WBA e IBF del peso medio entre el kazajo Gennady Golovkin 37(33KO)-0-1 y el mexicano Saúl “Canelo” Álvarez 49(34KO)-1-2 las preguntas se amontonaban y cruzaban entre ellas en cantidad ingente. Y es que no podía ser de otro modo teniendo en cuenta que este era un encuentro trascendental en la historia del peso medio, en el que dos top de todos los pesos se enfrentaban en un duelo en el que debían demostrar realmente cuál era su potencial y cuáles sus capacidades reales en una pelea en igualdad de condiciones. Así, una vez terminado el enfrentamiento se pudieron extraer lecturas claras e incuestionables que, quizás, no hagan otra cosa que responder a algunas preguntas mientras crean otras nuevas.
Dejando al margen el resultado y la controversia de las cartulinas, y centrándonos sólo en lo deportivo, la lectura más significativa que se puede extraer de la pelea es la confirmación del declive de Golovkin. Puede que muchos se opongan a esta afirmación, considerando estos que mereció la victoria ante el que algunos valoran como el número 1 de todos los pesos. Aun así, y si bien no se puede cuestionar el mérito de su actuación, lo que quedó de manifiesto es que los tiempos en los que se mostraba como una apisonadora imparable han pasado.
“GGG” presionó, una vez más, de forma infinitamente más tenue que en anteriores momentos y su corte de ring, que tantas victorias le ha dado en el pasado, resultó sumamente inefectivo, dejando en todo momento la puerta abierta para que “Canelo” le rehuyese por la derecha. Además, su velocidad de manos fue realmente baja y su volumen de puños escaso también, comparativamente hablando. Por otro lado, cuando sus puños al máximo de potencia hicieron clara diana en su rival, éste los encajó sin ningún tipo de problemas, no siendo ni siquiera estremecido ligeramente. Finalmente, su precisión fue por momentos ridícula, fallando una decena de manos consecutivas a la vez que quedaba totalmente expuesto al contragolpe.
Sea como sea, su tenacidad, su resistencia y su formidable jab le mantuvieron en la lucha por la victoria en una pelea en la que su oponente corrió demasiado, cediendo asaltos por falta de trabajo y contundencia.
Esto nos lleva a otra clara lectura respecto al duelo: la nula acometividad de Canelo. Muchos, erróneamente, esperaban que Álvarez avanzase en todo momento sobre su oponente y golpease al cuerpo con el gancho y con combinaciones al rostro para desgastar y quebrar al monarca. Nada más lejos de la realidad. Decepcionando a quienes querían ver una descarnada batalla de intercambios, “Canelo” demostró que no tenía ninguna confianza en poder romper la resistencia de su adversario, al menos sin poner en riesgo decisivo la suya. Por ello, aunque en su momento criticó durísimamente a Erislandy Lara por su táctica, Canelo corrió el ring sin remordimientos durante gran parte de la pelea, rehusando los intercambios.
Con todo, esto no tiene porqué implicar una falta de valentía, ya que en muchos momentos cometió la osadía de quedarse estático en las cuerdas, incluso bajando las manos, a la vez que eludía uno tras otro los golpes de Golovkin, demostrando una defensa verdaderamente excepcional que muchos ni siquiera sabían que tenía. Además, su precisión, su elección de golpes y su apreciación de los momentos oportunos para lanzarlos (o sea su gestión de los aspectos ofensivos desde una táctica contragolpeadora y conservadora) resultaron extraordinarias.
En este claro choque de estilos resultante, teniendo en cuenta que varios asaltos fueron muy igualados y que hubo fases de evidente dominio para cada boxeador, no nos engañemos, tanto la victoria por un asalto (o sea 7-5) para cada uno de los púgiles como el empate (6-6) resultan aceptables.
Si se es imparcial y se valora globalmente la contienda, ésta estuvo emparejada y ni mucho menos fue totalmente controlada por Golovkin, como algunos afirman. Y es que “el efecto favorito” se dejó notar otra vez después de esta pelea. Tal y como pasó en el primero “Chocolatito”-Wangek o en el Pacquiao-Horn hubo analistas, boxeadores y aficionados que no dieron ni un margen mínimo en su propia lectura de la pelea para la victoria de Wangek y Horn, alterando su propia visión del choque por la sobrevaloración del favorito, en estos casos Román González y Manny Pacquiao, respectivamente. Esto no quiere decir que no se pueda pensar que “Chocolatito” o Pacquiao merecieran la victoria, sino que hay gente que ni siquiera necesitó analizarla imparcialmente para estar seguro al 100% de la total victoria del favorito. Salvando las enormes distancias, ya que ni muchísimo menos estaba Canelo en la posición de Wangek o Horn, esto se repitió en la pugna. Álvarez era calificado como “diva” y había manipulado las reglas del boxeo a su favor y Golovkin era el boxeador que partía como favorito y que no rechazaba retos, e indudablemente las simpatías de muchos, por el propio interés del pugilismo, se alinearon consciente o subconscientemente con el segundo.
De todos modos, no se debe tomar la parte por el todo. Aunque “Canelo” realizó la mejor actuación de su carrera y durante varios asaltos anuló con su fenomenal defensa al boxeador más agresivo y contundente de la división y a uno de los mejores de todos los pesos, esto no puede borrar de un plumazo sus nefastos años de pesos pactados, chantajes a los organismos, elusión de oponentes y elección de otros sumamente asequibles, todo ello sin pasar por alto los atroces robos a boxeadores que claramente le superaron. Así, lo que hay que preguntarse ahora es si “Canelo”, habiendo demostrado su destreza ante uno de los púgiles más peligrosos posibles y habiendo sido bueno su rendimiento en el peso medio, cambiará el planteamiento de su trayectoria y aceptará nuevos retos de enorme exigencia. De lo contrario, quizás no pueda disipar las críticas, que no dejaron de estar presentes en este choque por elegir la pelea en el momento en que Golovkin mostraba evidentes puntos débiles y sirviéndose en ella de nuevo de la ayuda de los jueces.
La puntuación de Adelaide Byrd de 118-110 a favor de “Canelo” es sin lugar a duda no sólo el peor elemento de la contienda o del fin de semana, sino la certificación de que el boxeo tiene que afrontar sus problemas de una vez por todas. Esto no significa que los aficionados, expertos y boxeadores debamos dejar de defender el deporte de las 16 cuerdas ante los que lo critican buscando su destrucción, sino que debemos exigir la limpieza del pugilismo para solidificarlo. Por ejemplo, hasta que los promotores dejen de pagar los salarios, el alojamiento y el mantenimiento de los jueces encargados de puntuar una pelea y del árbitro que vela por el cumplimiento de las reglas y dejen de hacer con ellos cenas y reuniones privadas previas a los enfrentamientos, los resultados polémicos no van a dejar de llegar, puesto que muchos jueces y árbitros no pueden o no quieren priorizar su objetividad y su aprecio por el boxeo sobre su sustento y su modo de vida relajado, cómodo y satisfactorio. Y es que ¿Cómo, por ejemplo, un funcionario o un trabajar estadounidense estándar va a querer renunciar a viajar con todos los gastos pagados a un formidable escenario y ganar en un fin de semana infinitamente más de lo que gana en un mes, además mientras ve en primer línea combates esperadísimos, puntuando una pelea contra los intereses del promotor que le paga, mordiendo la mano que le da de comer? Es un secreto a gritos que muchos jueces que no han seguido los “patrones” esperados por los promotores organizadores no han vuelto a ser llamados para juzgar peleas de estas compañías y que incluso han sido apartados a posiciones secundarias dentro de las comisiones atléticas. Hasta que los salarios de los jueces y árbitros no se extraigan de las sanciones pagadas a las comisiones o se descuenten de las bolsas finales de los boxeadores, sin intermediarios, la situación no va a cambiar, al menos en los combates de las estrellas del boxeo mundial.
Por otra parte, hay que recalcar que Adelaide Byrd no es una mala jueza o una jueza que haya tenido un día malo, es una corrupta al igual que su marido, el árbitro Robert Byrd. Muchos pueden considerar que no hay pruebas de tal cosa, pero realmente sí las hay. Sólo hay que ver su trayectoria de puntuaciones para comprobar que Byrd casi siempre puntúa mal las grandes peleas, decantándose por lecturas absolutas a favor de los favoritos o de los boxeadores estrella de las promotoras, o por los estadounidenses cuando boxean como visitantes. Se puede hacer fácilmente una lista de más de una decena de peleas recientes en las que ha participado en las que se puede ver que su puntuación es sesgada o injustificable. Por otra parte, en cuanto a su marido, sólo tenemos que recordar el escándalo más reciente, su total permisividad con los golpes bajos de Andre Ward en la revancha con Sergey Kovalev y su extranísima detención de la pelea. Así resulta evidente que el matrimonio Byrd son, junto a muchos otros jueces y árbitros, una garantía para que las agendas boxísticas de quienes mueven los hilos en este deporte se cumplan, ya sean estos televisiones, promotores u otro tipo de agentes. Simplemente, la diferencia entre los Byrd y otros es que son ineptos a la hora de ser corruptos, mientras que otros saben actuar con mayor sutileza sin levantar sospechas.
Volviendo al análisis del combate Golovkin-Canelo, éste en cierto modo ha acentuado una modificación de roles que lleva produciéndose desde hace un tiempo atrás y que podría agravarse en una eventual revancha. Entre 2015 y 2016, Golovkin era casi imbatible y en un enfrentamiento entonces ante Canelo su victoria parecía a todas luces inevitable además de contundente. Hay que recordar que, mientras tanto, Álvarez se medía a boxeadores asequibles y ganaba controvertidamente a Miguel Cotto, recibiendo críticas numerosísimas. Pero desde entonces la situación hay ido cambiando. Primero “GGG” daba signos de deterioro ante Kell Brook, que a priori no parecieron significativos, pero después a duras penas pudo vencer a un Daniel Jacobs ante el que no fue ni una sombra de lo que había sido. Por otro lado, su estancamiento o su degradación en su rendimiento se asentaba con este duelo ante “Canelo”, que ha hecho más evidente una sensacional evolución.
Esto nos lleva a la pregunta ¿Qué margen para la mejora tienen ambos contendientes en un eventual duelo de desquite? y ¿Aceptará Canelo una revancha? Respecto a la segunda pregunta ninguna certeza se puede tener debido a los peculiares manejos de Golden Boy Promotions y de “Canelo”, pero parece que, habiendo logrado aguantar bien los doce asaltos, habiendo mejorado su imagen general gracias a esta pelea y contando que podría ingresar una enorme cantidad de dinero con un nuevo choque ante el kazajo, la revancha parece la mejor opción para su carrera. Y es que, respondiendo a la primera pregunta, su margen de mejora es además superior al de Golovkin. Aunque se podía esperar que “GGG” usase una mejor gestión de tiempos y espacios, su planteamiento resultó de lo más simple. Por otra parte, cuando Canelo le atacó, su reacción defensiva fue por lo general bastante mala, encajando golpes claros y retrocediendo algo desordenado. En cambio, “Canelo”, que quizás esté en el punto álgido de su boxeo, demostró superior técnica y versatilidad, pareciendo que con los adecuados ajustes, especialmente a la hora de ceder asaltos por falta de actividad, podría generar más complicaciones a Golovkin. Siempre estará presente, obviamente, el riesgo del knockout, ya que Golovkin en todo momento podrá sacar de la nada una mano de poder que decida la pugna. Además su presión no dejará de otorgarle asaltos por impresión general a la vez que desgasta a sus adversarios. Pero habiendo sido poco brillantes, y cada vez menos, sus actuaciones consecutivas ante Brook, Jacobs y ahora Álvarez, parece que el tiempo juega en contra de Golovkin, que parece haber entrado en una cuesta abajo en la que cada mes que pase le acercará a su primera derrota.
Quizás en este sentido, el equipo de Canelo estudie cuál es el momento más astuto para pactar una revancha. Puede que en mayo, y si consigue mantener inactivo a Golovkin hasta entonces, tenga una buena oportunidad de triunfo, pero no será tan buena como en una pelea en septiembre del próximo año o incluso más allá. Aun así, si ahora mismo Golovkin se tuviese que medir a sus retadores obligatorios como Jermall Charlo y Sergiy Derevyanchenko, que logre salir con el brazo en alto no es ni mucho menos una certeza. Así, el mexicano corre el riesgo de que alguien se adelante destronando a un Golovkin cuya recomposición cada vez parece más improbable.
Por otro lado, para Golovkin ninguna opción podría ser mejor que buscar la unificación total del peso medio contra Saunders (titular WBO) o aceptar un duelo en diciembre ante Miguel Cotto, peleas que podría vencer con el rendimiento que todavía conserva y que deberían servirle para agrandar su legado y su estela exitosa a la vez que se hace con grandes bolsas. Además, un posible ascenso al peso supermedio no debería ser descartado, dado que, aunque su altura no sea la suficiente para la categoría superior, quizás el nivel de sus actuaciones podría recuperarse si es que todos sus problemas recientes han llegado por las dificultades para ajustarse al peso medio.
Sea como sea, ambos boxeadores se encuentran ahora, tras este empate, en una situación de total impasse en la que deberán tomar decisiones decisivas para su futuro e incluso para su papel final en la historia del boxeo. Intereses económicos, deportivos y de otra índole se entremezclaran, junto a la intervención de nuevos boxeadores reclamando oportunidades, haciendo las posibles elecciones tan complejas como difíciles de prever su éxito. Aun así, el peso medio parece mantenerse ahora en un formidable momento y es de esperar que desde diciembre al próximo mayo la división nos ofrezca enfrentamientos formidables y peleas para el recuerdo.
Dejando al margen el resultado y la controversia de las cartulinas, y centrándonos sólo en lo deportivo, la lectura más significativa que se puede extraer de la pelea es la confirmación del declive de Golovkin. Puede que muchos se opongan a esta afirmación, considerando estos que mereció la victoria ante el que algunos valoran como el número 1 de todos los pesos. Aun así, y si bien no se puede cuestionar el mérito de su actuación, lo que quedó de manifiesto es que los tiempos en los que se mostraba como una apisonadora imparable han pasado.
“GGG” presionó, una vez más, de forma infinitamente más tenue que en anteriores momentos y su corte de ring, que tantas victorias le ha dado en el pasado, resultó sumamente inefectivo, dejando en todo momento la puerta abierta para que “Canelo” le rehuyese por la derecha. Además, su velocidad de manos fue realmente baja y su volumen de puños escaso también, comparativamente hablando. Por otro lado, cuando sus puños al máximo de potencia hicieron clara diana en su rival, éste los encajó sin ningún tipo de problemas, no siendo ni siquiera estremecido ligeramente. Finalmente, su precisión fue por momentos ridícula, fallando una decena de manos consecutivas a la vez que quedaba totalmente expuesto al contragolpe.
Sea como sea, su tenacidad, su resistencia y su formidable jab le mantuvieron en la lucha por la victoria en una pelea en la que su oponente corrió demasiado, cediendo asaltos por falta de trabajo y contundencia.
Esto nos lleva a otra clara lectura respecto al duelo: la nula acometividad de Canelo. Muchos, erróneamente, esperaban que Álvarez avanzase en todo momento sobre su oponente y golpease al cuerpo con el gancho y con combinaciones al rostro para desgastar y quebrar al monarca. Nada más lejos de la realidad. Decepcionando a quienes querían ver una descarnada batalla de intercambios, “Canelo” demostró que no tenía ninguna confianza en poder romper la resistencia de su adversario, al menos sin poner en riesgo decisivo la suya. Por ello, aunque en su momento criticó durísimamente a Erislandy Lara por su táctica, Canelo corrió el ring sin remordimientos durante gran parte de la pelea, rehusando los intercambios.
Con todo, esto no tiene porqué implicar una falta de valentía, ya que en muchos momentos cometió la osadía de quedarse estático en las cuerdas, incluso bajando las manos, a la vez que eludía uno tras otro los golpes de Golovkin, demostrando una defensa verdaderamente excepcional que muchos ni siquiera sabían que tenía. Además, su precisión, su elección de golpes y su apreciación de los momentos oportunos para lanzarlos (o sea su gestión de los aspectos ofensivos desde una táctica contragolpeadora y conservadora) resultaron extraordinarias.
En este claro choque de estilos resultante, teniendo en cuenta que varios asaltos fueron muy igualados y que hubo fases de evidente dominio para cada boxeador, no nos engañemos, tanto la victoria por un asalto (o sea 7-5) para cada uno de los púgiles como el empate (6-6) resultan aceptables.
Si se es imparcial y se valora globalmente la contienda, ésta estuvo emparejada y ni mucho menos fue totalmente controlada por Golovkin, como algunos afirman. Y es que “el efecto favorito” se dejó notar otra vez después de esta pelea. Tal y como pasó en el primero “Chocolatito”-Wangek o en el Pacquiao-Horn hubo analistas, boxeadores y aficionados que no dieron ni un margen mínimo en su propia lectura de la pelea para la victoria de Wangek y Horn, alterando su propia visión del choque por la sobrevaloración del favorito, en estos casos Román González y Manny Pacquiao, respectivamente. Esto no quiere decir que no se pueda pensar que “Chocolatito” o Pacquiao merecieran la victoria, sino que hay gente que ni siquiera necesitó analizarla imparcialmente para estar seguro al 100% de la total victoria del favorito. Salvando las enormes distancias, ya que ni muchísimo menos estaba Canelo en la posición de Wangek o Horn, esto se repitió en la pugna. Álvarez era calificado como “diva” y había manipulado las reglas del boxeo a su favor y Golovkin era el boxeador que partía como favorito y que no rechazaba retos, e indudablemente las simpatías de muchos, por el propio interés del pugilismo, se alinearon consciente o subconscientemente con el segundo.
De todos modos, no se debe tomar la parte por el todo. Aunque “Canelo” realizó la mejor actuación de su carrera y durante varios asaltos anuló con su fenomenal defensa al boxeador más agresivo y contundente de la división y a uno de los mejores de todos los pesos, esto no puede borrar de un plumazo sus nefastos años de pesos pactados, chantajes a los organismos, elusión de oponentes y elección de otros sumamente asequibles, todo ello sin pasar por alto los atroces robos a boxeadores que claramente le superaron. Así, lo que hay que preguntarse ahora es si “Canelo”, habiendo demostrado su destreza ante uno de los púgiles más peligrosos posibles y habiendo sido bueno su rendimiento en el peso medio, cambiará el planteamiento de su trayectoria y aceptará nuevos retos de enorme exigencia. De lo contrario, quizás no pueda disipar las críticas, que no dejaron de estar presentes en este choque por elegir la pelea en el momento en que Golovkin mostraba evidentes puntos débiles y sirviéndose en ella de nuevo de la ayuda de los jueces.
La puntuación de Adelaide Byrd de 118-110 a favor de “Canelo” es sin lugar a duda no sólo el peor elemento de la contienda o del fin de semana, sino la certificación de que el boxeo tiene que afrontar sus problemas de una vez por todas. Esto no significa que los aficionados, expertos y boxeadores debamos dejar de defender el deporte de las 16 cuerdas ante los que lo critican buscando su destrucción, sino que debemos exigir la limpieza del pugilismo para solidificarlo. Por ejemplo, hasta que los promotores dejen de pagar los salarios, el alojamiento y el mantenimiento de los jueces encargados de puntuar una pelea y del árbitro que vela por el cumplimiento de las reglas y dejen de hacer con ellos cenas y reuniones privadas previas a los enfrentamientos, los resultados polémicos no van a dejar de llegar, puesto que muchos jueces y árbitros no pueden o no quieren priorizar su objetividad y su aprecio por el boxeo sobre su sustento y su modo de vida relajado, cómodo y satisfactorio. Y es que ¿Cómo, por ejemplo, un funcionario o un trabajar estadounidense estándar va a querer renunciar a viajar con todos los gastos pagados a un formidable escenario y ganar en un fin de semana infinitamente más de lo que gana en un mes, además mientras ve en primer línea combates esperadísimos, puntuando una pelea contra los intereses del promotor que le paga, mordiendo la mano que le da de comer? Es un secreto a gritos que muchos jueces que no han seguido los “patrones” esperados por los promotores organizadores no han vuelto a ser llamados para juzgar peleas de estas compañías y que incluso han sido apartados a posiciones secundarias dentro de las comisiones atléticas. Hasta que los salarios de los jueces y árbitros no se extraigan de las sanciones pagadas a las comisiones o se descuenten de las bolsas finales de los boxeadores, sin intermediarios, la situación no va a cambiar, al menos en los combates de las estrellas del boxeo mundial.
Por otra parte, hay que recalcar que Adelaide Byrd no es una mala jueza o una jueza que haya tenido un día malo, es una corrupta al igual que su marido, el árbitro Robert Byrd. Muchos pueden considerar que no hay pruebas de tal cosa, pero realmente sí las hay. Sólo hay que ver su trayectoria de puntuaciones para comprobar que Byrd casi siempre puntúa mal las grandes peleas, decantándose por lecturas absolutas a favor de los favoritos o de los boxeadores estrella de las promotoras, o por los estadounidenses cuando boxean como visitantes. Se puede hacer fácilmente una lista de más de una decena de peleas recientes en las que ha participado en las que se puede ver que su puntuación es sesgada o injustificable. Por otra parte, en cuanto a su marido, sólo tenemos que recordar el escándalo más reciente, su total permisividad con los golpes bajos de Andre Ward en la revancha con Sergey Kovalev y su extranísima detención de la pelea. Así resulta evidente que el matrimonio Byrd son, junto a muchos otros jueces y árbitros, una garantía para que las agendas boxísticas de quienes mueven los hilos en este deporte se cumplan, ya sean estos televisiones, promotores u otro tipo de agentes. Simplemente, la diferencia entre los Byrd y otros es que son ineptos a la hora de ser corruptos, mientras que otros saben actuar con mayor sutileza sin levantar sospechas.
Volviendo al análisis del combate Golovkin-Canelo, éste en cierto modo ha acentuado una modificación de roles que lleva produciéndose desde hace un tiempo atrás y que podría agravarse en una eventual revancha. Entre 2015 y 2016, Golovkin era casi imbatible y en un enfrentamiento entonces ante Canelo su victoria parecía a todas luces inevitable además de contundente. Hay que recordar que, mientras tanto, Álvarez se medía a boxeadores asequibles y ganaba controvertidamente a Miguel Cotto, recibiendo críticas numerosísimas. Pero desde entonces la situación hay ido cambiando. Primero “GGG” daba signos de deterioro ante Kell Brook, que a priori no parecieron significativos, pero después a duras penas pudo vencer a un Daniel Jacobs ante el que no fue ni una sombra de lo que había sido. Por otro lado, su estancamiento o su degradación en su rendimiento se asentaba con este duelo ante “Canelo”, que ha hecho más evidente una sensacional evolución.
Esto nos lleva a la pregunta ¿Qué margen para la mejora tienen ambos contendientes en un eventual duelo de desquite? y ¿Aceptará Canelo una revancha? Respecto a la segunda pregunta ninguna certeza se puede tener debido a los peculiares manejos de Golden Boy Promotions y de “Canelo”, pero parece que, habiendo logrado aguantar bien los doce asaltos, habiendo mejorado su imagen general gracias a esta pelea y contando que podría ingresar una enorme cantidad de dinero con un nuevo choque ante el kazajo, la revancha parece la mejor opción para su carrera. Y es que, respondiendo a la primera pregunta, su margen de mejora es además superior al de Golovkin. Aunque se podía esperar que “GGG” usase una mejor gestión de tiempos y espacios, su planteamiento resultó de lo más simple. Por otra parte, cuando Canelo le atacó, su reacción defensiva fue por lo general bastante mala, encajando golpes claros y retrocediendo algo desordenado. En cambio, “Canelo”, que quizás esté en el punto álgido de su boxeo, demostró superior técnica y versatilidad, pareciendo que con los adecuados ajustes, especialmente a la hora de ceder asaltos por falta de actividad, podría generar más complicaciones a Golovkin. Siempre estará presente, obviamente, el riesgo del knockout, ya que Golovkin en todo momento podrá sacar de la nada una mano de poder que decida la pugna. Además su presión no dejará de otorgarle asaltos por impresión general a la vez que desgasta a sus adversarios. Pero habiendo sido poco brillantes, y cada vez menos, sus actuaciones consecutivas ante Brook, Jacobs y ahora Álvarez, parece que el tiempo juega en contra de Golovkin, que parece haber entrado en una cuesta abajo en la que cada mes que pase le acercará a su primera derrota.
Quizás en este sentido, el equipo de Canelo estudie cuál es el momento más astuto para pactar una revancha. Puede que en mayo, y si consigue mantener inactivo a Golovkin hasta entonces, tenga una buena oportunidad de triunfo, pero no será tan buena como en una pelea en septiembre del próximo año o incluso más allá. Aun así, si ahora mismo Golovkin se tuviese que medir a sus retadores obligatorios como Jermall Charlo y Sergiy Derevyanchenko, que logre salir con el brazo en alto no es ni mucho menos una certeza. Así, el mexicano corre el riesgo de que alguien se adelante destronando a un Golovkin cuya recomposición cada vez parece más improbable.
Por otro lado, para Golovkin ninguna opción podría ser mejor que buscar la unificación total del peso medio contra Saunders (titular WBO) o aceptar un duelo en diciembre ante Miguel Cotto, peleas que podría vencer con el rendimiento que todavía conserva y que deberían servirle para agrandar su legado y su estela exitosa a la vez que se hace con grandes bolsas. Además, un posible ascenso al peso supermedio no debería ser descartado, dado que, aunque su altura no sea la suficiente para la categoría superior, quizás el nivel de sus actuaciones podría recuperarse si es que todos sus problemas recientes han llegado por las dificultades para ajustarse al peso medio.
Sea como sea, ambos boxeadores se encuentran ahora, tras este empate, en una situación de total impasse en la que deberán tomar decisiones decisivas para su futuro e incluso para su papel final en la historia del boxeo. Intereses económicos, deportivos y de otra índole se entremezclaran, junto a la intervención de nuevos boxeadores reclamando oportunidades, haciendo las posibles elecciones tan complejas como difíciles de prever su éxito. Aun así, el peso medio parece mantenerse ahora en un formidable momento y es de esperar que desde diciembre al próximo mayo la división nos ofrezca enfrentamientos formidables y peleas para el recuerdo.
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jueves, 31 de agosto de 2017
¿Qué mérito real tiene la unificación del peso superligero lograda por Crawford? Análisis de su reinado y de la división
El 19 de agosto, el estadounidense Terence Crawford consiguió proclamarse campeón unificado e indiscutido del peso peso superligero, aunando las coronas WBA, WBC, WBO e IBF, algo que no había pasado nunca en la división (Kosta Tszyu había unificado tres de estos títulos, dado que la WBO no tenía entonces el reconocimiento actual) y que no sucedía en ninguna otra categoría desde el año 2005. Así, el incuestionable número 1 del peso superligero mejoraba aún más su consideración, viéndose como uno de los principales candidatos al primer puesto en el ranking de todos los pesos. Además, las loas al logro obtenido ante Julius Indongo han resultado desbordantes, celebrándose de forma intensa que en una categoría sólo haya un monarca, alegría lógica en la época de los cuatro cinturones.
De todos modos, aunque los organismos deberían centrarse en dar facilidades para que esta situación se repitiese en otras divisiones y se mantuviese en el peso superligero, un hecho parece ser evidente: se están sobrevalorando enormemente los retos que ha superado o debía superar Crawford para lograr este objetivo. Dicho de otro modo, la categoría del peso superligero actual está en un punto bajísimo respecto a otras etapas y, aunque no resulte popular decirlo, el mérito de lograr unificar totalmente la división, aunque es notable, reside más en este caso en la habilidad de su promotora y en la suerte que en sus propias victorias.
Por el peso superligero han pasado en la última década boxeadores como Manny Pacquiao, Floyd Mayweather, Timothy Bradley, Juan Manuel Márquez, Marcos Maidana, Lucas Matthysse, Amir Khan, Danny García y un larguísimo etcétera, aunque basta señalar estos nombres para hacer evidente que la unificación de la división lograda por Crawford ante un boxeador como Indongo resulta un logro más que limitado comparativamente hablando. Si tan sólo hubiese tenido que superar a púgiles del nivel o el renombre de Lamont Peterson, podría haber resultado más espectacular su ascenso en las 140 libras o 63,5 kg, pero realmente sus victorias en los últimos años han sido ante rivales infinitamente por debajo del nivel de la élite de otros tiempos. De hecho, el propio Crawford no ha tenido que hacer frente ni siquiera a los mejores boxeadores de la división e incluso desde 2004 sólo se ha medido a un par de verdaderos retos.
Con el lógico y merecido prestigio adquirido en el peso ligero, en el que acababa de derrotar a Ricky Burns, Yuriorkis Gamboa y Raymundo Beltrán, Crawford llegó como el máximo aspirante al número 1 del peso superligero. Con todo, su coronación no se produjo tras arduas batallas para escalar en las listas o en un campeonato ante un monarca consolidado, sino que, evitándolos a todos, Crawford decidió reclamar a la WBO que, como era titular en el peso ligero, le nombrase aspirante obligatorio al cinto del peso superligero WBO dejado vacante por Chris Algieri. Así, se le nombró coaspirante junto a Thomas Dulorme, que tras haber sido noqueado por Luis Carlos Abreu había reflotado con dos victorias controvertidas ante Karim Mayfield y Henry Lundy, aunque no merecía el acceso al mundial. Por ello, Crawford aunque no fue especialmente brillante, logró encontrar el puño decisivo que rompió el combate y le coronó como campeón en una nueva categoría.
No habiendo sido demasiado buena su actuación ante Dulorme, y teniendo que adaptarse mejor a la división, resultó aceptable que se midiese a un rival asequible en su primera defensa, cosa que hizo enfrentándose a un Dierry Jean que desde que había sido derrotado por Lamont Peterson sólo se había medido a rivales modestos. A pesar de la fama de boxeador espectacular ganada en el peso ligero, Crawford, de nuevo, realizó una pelea aburrida, limitándose a jabear hasta que, cansado de dominar, lanzó una oportunista ofensiva final que abatió a su oponente.
Entonces se especuló con un posible enfrentamiento ante Pacquiao que, como sabemos, no llegó a realizarse, cosa que no le disculpa de haber elegido para su siguiente defensa a un boxeador tan por debajo del nivel de la cumbre como Henry Lundy, que, como hemos dicho, había sido derrotado ya por el mismo Dulorme e incluso por Mauricio Herrera. De este modo ¿Era de esperar otra cosa que una abrumadora victoria de Crawford? Sólo cinco rounds le bastaron al estadounidense para lograr su segunda defensa.
Si bien las habilidades propagandísticas de Top Rank y los grandes medios estadounidenses trabajaban con intensidad, no podían seguir vendiendo humo por mucho tiempo, necesitando una buena victoria para que Crawford pudiese mantener su estela. Y es que, con combates tan sencillos en una división todavía con boxeadores como Danny García, Lamont Peterson, Lucas Matthysse o Ruslan Provodnikov, no podía conservar su posición. Así, se produjo el inesperado golpe de suerte: Viktor Postol, un boxeador que sólo había vencido a un top 15 de bajo nivel, derrotaba contra todo pronóstico a Matthysse, convirtiéndose en monarca WBC. No tardó Arum en saltar sobre la presa.
A priori el encuentro ante Postol, ciertamente, parecía complejo, por un aspecto tan sencillo como que éste había logrado una victoria ante el noqueador argentino. En cualquier caso, dejando de lado los elementos que llevaron a Matthysse a la derrota, el triunfo de Postol ante éste terminó siendo un espejismo. Siendo justos, Crawford consiguió ante el ucraniano una buena victoria, sólida técnica y tácticamente, pero la logró en un duelo tedioso y ante un Postol que, como tantos otros, vino con tanta velocidad como se fue.
Crawford había logrado ya dos coronas en la división habiendo evitado a todos los boxeadores más duros de la categoría que, mientras, se cribaban entre ellos o cambiaban de división: por ejemplo, García y Peterson subieron al peso wélter, Herrera entró en crisis, un desmotivado Provondikov fue derrotado contra pronóstico por un boxeador ya sin proyección como John Molina... aunque todavía estaba por llegar el golpe de suerte definitivo.
Top Rank se mostraba recelosa de un enfrentamiento ante el monarca IBF Eduard Troyanovksy, puesto que, si bien era enormemente inferior técnicamente, tenía una potencia de golpeo realmente preocupante y capaz de romper cualquier pelea en cualquier circunstancia. Pero entonces Julius Indongo se anotó una victoria en el primer round que destronó a Troyanovsky, surgiendo en la pugna un nuevo actor que se presentaba como el más asequible.
Se debe decir que no sólo jugó a su favor su compañía, ya que la ambición del inflado y protegido Ricky Burns le dio el espaldarazo definitivo. Éste, que se había arrastrado por el ring intentando evitar la derrota ante el desconocido Relikh (que fue robado en las cartulinas), pensó que podría derrotar cómodamente a Indongo, por lo que le retó en una unificación en la que se vio sorprendido por el alcance y la altura de su oponente y por sus propias limitaciones en cuanto a contundencia, capacidad de respuesta y gestión del ritmo, entre otras muchas cosas.
Finalmente, Indongo, con una carga de fortuna inigualable en el boxeo reciente, había capturado dos coronas en sólo cuatro meses, de modo que, Bob Arum, no dejó escapar la oportunidad. Con esto llegamos al combate de hace dos semanas, en el que el africano ofreció una actuación pésima, sin orden ni corazón, tanto es así que por su culpa algunos vuelven a ver corrupción y pactos en la sombra para buscar una derrota en los despachos.
Cabe mencionar que entre la pelea entre Postol e Indongo, Crawford realizó dos defensas más. En una, quizás las más oportunista de su reinado, se midió a un John Molina visto como una víctima propiciatoria y que, precisamente, sólo ofreció voluntad y ningún boxeo en una derrota que a nadie pudo sorprender. En la otra, es justo decir también que, en la quinta puesta en juego de su título WBO, “Bud” se enfrentó a Félix Díaz, que verdaderamente resulta el nombre más destacable del reinado del campeón y al que igualmente venció convincentemente.
Una vez repasado todo su recorrido, es bastante difícil evitar pensar que los críticos que señalan que Crawford ha conseguido éxitos inigualables en el boxeo actual y, en especial, en el peso superligero, mienten consciente o inconscientemente, dado que su recorrido ha sido una terrible mezcla de evitar riesgos, explotar ocasiones de oro y aprovechar sus innegables cualidades técnicas. Obviamente, el cometido de una promotora es ese, o sea, lograr el máximo dinero y prestigio posible al menor riesgo, puesto que al fin y al cabo sólo es una empresa más que busca repartir beneficios a sus propietarios. Por otro lado, poner a Crawford a la par de las mayores figuras de la historia de la división resulta casi un insulto, no siendo comparable el recorrido en el peso superligero de éste al realizado por Julio César Chávez Sr, Aaron Pyor, Nicolino Locche, Antonio Cervantes o Kosta Tszyu. De hecho en este caso la situación de cuatro cinturones mundiales sólo ha hecho que llevar al extremo sus injusticias, convirtiendo en “figura histórica” a un púgil que sólo ha acumulado cinturones de papel.
Dicho esto, hay que señalar que Crawford verdaderamente es un gran púgil, con mucho potencial todavía para llegar muy lejos, siendo sus reflejos, control de la distancia, habilidad al contragolpe, precisión, velocidad y contundencia realmente extraordinarios. Con todo, todavía no se ha medido ni a un sólo boxeador que se pudiese poner ni siquiera en el top 20 libra por libra, siendo la única excepción un Yuriorkis Gamboa que cuando se enfrentó a él aún era una figura destacable. Por ello, decir que es el 2º libra por libra, puede resultar exagerado, pero, sobre todo, considerarlo uno de los diez mejores boxeadores de la historia, como algunos de forma ridícula hacen ya, es desconocer totalmente el recorrido de este boxeador, realizando afirmaciones tan sumamente osadas sin verdaderamente haber visto y analizado en qué condiciones se produjeron sus siete peleas en el peso superligero.
Lógicamente, aunque una parte de responsabilidad descansa en Crawford, porque no se ha plantado y ha demandado pruebas a su altura, la casi totalidad de la culpa está en Top Rank, que no parece confiar suficiente en su boxeador como para medirlo a los mayores retos en la división y que se ha limitado a pescar títulos fáciles de conquistar. Si alguien no lo ve así sólo tiene que recordar las palabras de Arum señalando que los títulos y las unificaciones no suponen nada cuando la cuestión era que Óscar Valdez se midiese a Vasyl Lomachenko o que Gilberto Ramírez participase en el torneo WBSS, mientras afirma que Crawford es prácticamente un héroe por unificar con Indongo.
Por otro lado, como hemos comentado, hay una parte que se escapa al control, hasta cierto punto, de Crawford o Top Rank: el bajo nivel actual de la división. Para exponerlo, hagamos un repaso de los top 15 de la división.
WBC:
El 1º y retador oficial es un Amir Imam sin defensa ni encaje, que fue destruido por el sólo voluntarioso Adrián Grandos. Desde esta derrota Imam sólo se ha medido a púgiles modestísimos siendo incomprensible el posicionamiento dado por el Consejo. El 2º es el principal aspirante de la categoría, Regis Prograis, al que Crawford si pretendiese hacer historia debería medirse inmediata e ineludiblemente. El 3º es Viktor Postol, que ya demostró su inferioridad. El 4º es José Carlos Ramírez, un prospecto con proyección pero que todavía no se ha medido a ningún boxeador de nivel y no está preparado para el mundial. El 5º es Antonio Orozco, un boxeador que resulta batible para Crawford pero que debería haber sido uno de los retos superados hacia el estrellato por ser considerado uno de los mejores retadores. El 6º es Omar Figueroa, excampeón que hubiese dado mucho brillo a Crawford pero que, igualmente, con sus malas actuaciones ante Burns y DeMarco, no parece rival. El 7º es el desafortunado Humberto Soto, uno de los mejores boxeadores de la categoría pero de los más infravalorados y que, habiendo sido maltratado por los jueces, jamás podrá aspirar a la pelea, si bien podría ofrecer un encuentro muy superior a casi todos los rivales a los que Crawford se ha medido en la categoría. El 8º es Adrien Broner, contra el cual un enfrentamiento fue considerado inevitable, que por sus capacidades y fama podría haber ofrecido una pelea interesante, pero que habiendo sido esquivado en el momento preciso, ha terminado por autodestruirse. El 9º es Josh Taylor, un púgil que probablemente se coronará, pero que ha llegado tarde a esta posición como para escalar hasta una pelea ante Crawford antes de que éste suba al peso wélter. El 10º es un Félix Díaz que ya demostró su inferioridad. El 11º es el peligrosísimo Sergey Lipinets, cuyo caso será tratado más abajo. El 12º es el excampeón Rances Barthelemy, que por su estatura, agilidad, técnica y recursos debería haber sido uno de los mejores rivales posibles. El 13º es Adrián Granados, boxeador con más coraje y peligro que la mayoría de los enfrentados por Crawford, aunque su inferioridad técnica hubiese sido demasiado grande. El 14º es Aik Shakhnazaryan, púgil de cierta complejidad pero varios peldaños por debajo del monarca. El 15º es Anthony Yigit, que se encuentra en una situación muy similar a la de Shakhnazaryan.
WBA:
El 1º es el citado Rances Barthelemy. El 2º es un Kiryl Relikh limitadísimo pero que, aun así, se mostró superior a un Burns que era el objetivo apuntado por Crawford. El 3º es un Czar Amonsot que no ha superado ni a un solo rival de relieve. El 4º es un Michal Syrowatka con más valor que técnica. El 5º es el citado Yigit. El 6º es el citado Orozco. El 7º es el campeón Eduard Troyanvosky, temible noqueador que perdió su oportunidad por la derrota ante Indongo. El 8º es el citado Prograis. El 9º es Sonny Fredrickson, púgil sin poner a prueba y que está sobreranqueado. El 10º es Alex Saucedo que, como José Carlos Ramírez, es un prospecto con proyección pero que todavía no está listo para el mundial. El 11º es un Darleys Pérez que, tras las derrotas ante Crolla y Campbell, poco prestigio le daría a Crawford. El 12º es un Alberto Puello sobreranqueado y al que le falta mucho desarrollo. El 13º es Darragh Foley, boxeador asequible que sólo está ranqueado por la posesión de un título WBA. El 14º es Alexander Duran, púgil sobreranqueado que no está preparado para enfrentarse ni al nivel del top 15. El 15º es un Nicolás González que, si no pudo imponerse a Rubén Nieto, no podría lograrlo ante el número 1 de la división.
IBF:
El 1º es de nuevo Lipinets, siendo por este organismo retador oficial. El 2º puesto está vacante. El 3º es Akihiro Kondo, sólido pero por debajo del nivel de la élite. El 4º es un Maurice Hooker que ya ha puesto de manifiesto sus limitaciones. El 5º es un prospecto en rápido ascenso como Ivan Baranchyk. El 6º es el citado Yigit. El 7º es el citado Troyanovsky. El 8º es un Hiroki Okada que es uno de los púgiles más prometedores de la división. El 9º es el citado Rances Barthelemy. El 10 es el citado Josh Taylor. El 11º es el citado Antonio Orozco. El 12º es un Keita Obara que casi noquea a Troyanovksy, pero que finalmente fue duramente batido. El 13º es un Joshua Leather que no está listo para enfrentarse a la cumbre y que ha adquirido su posicionamiento por un título menor. El 14º es otro prospecto en ascenso como Eddie Ramírez. El 15º es un Lenny Zappavigna que ya demostró ante Lipinets que no tendría posibilidades ante Crawford.
WBO:
El 1º es el citado Orozco. El 2º es el citado Hooker. El 3º es el enrachado filipino Jason Pagara. El 4º es el prospecto en ascenso Jack Catterall. El 5º es un José Zepeda que, tras el desafortunado incidente ante Flanagan, está construyendo su camino en el peso superligero. El 6º es el citado José Carlos Ramírez. El 7º es el citado Saucedo. El 8º es el citado Okada. El 9º es el citado Kondo. El 10º es un Mike Reed que siempre elude las peleas arriesgadas. El 11º es el citado Yigit. El 12º es el prospecto en ascenso Pedro Campa. El 13º es un Gustavo Vittori que no está listo para pelear en el mundial. El 14º es un Georgi Chelokhsaev que está muy falto de desarrollo. El 15 es un Fatih Keles que no tiene el nivel para pelear con el top 15.
Terminado este repaso actual (en el que lógicamente no se incluyen a los púgiles que Crawford esquivó antes de que subieran al peso wélter), es fácil comprobar que las estrellas brillan por su ausencia. Los únicos excampeones son Viktor Postol, Omar Figueroa, Humberto Soto, Adrien Broner, Rances Barthelemy y Eduard Troyanovsky y de estos Crawford sólo se ha medido a Postol, que, como dijimos, llegó al trono con una única victoria destacada. En cualquier caso, entre todos los mencionados no hay púgiles del relieve de los que podemos encontrar en la división wélter.
Respecto al resto, Sergey Lipinets, Regis Prograis, Josh Taylor, Ivan Baranchyk, Hiroki Okada, Jack Catterall, José Zepeda y puede que Antonio Orozco, son los mejores aspirantes, pero Crawford no se ha medido ni a uno de ellos ni ha amagado con hacerlo. Es más, precisamente ayer, dejó vacante su cinturón IBF para eludir un enfrentamiento contra su peligrosísimo retador obligatorio Sergey Lipinets, que hubiese sido, sin duda, el mayor reto en su trayectoria en el peso superligero.
Finalmente, encontramos un conjunto de prospectos que por edad, han llegado tarde a esta posición, aunque hubiesen sido rivales más exigentes que Jean, Dulorme, Molina, Lundy o Indongo. Estamos hablando de José Carlos Ramírez, Eddie Ramírez, Alex Saucedo y Pedro Campa.
Respecto al resto, aunque hay mucha diferencia, por ejemplo, del nivel de dificultad que puede presentar Amir Imam al que puede poner Fatih Keles, son púgiles que demuestran que el peso superligero no pasa por su mejor época.
Así, recapitulando, podemos decir que Crawford, a pesar de que ha alegado sin pruebas que le evitaban, sólo se ha medido a dos púgiles de nivel del mediocre top 15 actual y que a todos los boxeadores más exigentes y peligrosos los ha eludido, siendo el mejor ejemplo lo sucedido ante Lipinets. Por otro lado, es comprensible que no quiera enfrentarse a un púgil desconocido por una baja bolsa, pero ¿no habría logrado mejores números y más prestigio ante Barthelemy, Broner, Soto o Figueroa? Finalmente, esta el caso de Prograis, que indudablemente será monarca mundial, que es un púgil reconocido y valorado en Estados Unidos pero al que tampoco piensa dar una oportunidad.
Por ello, aunque merezca crédito por sus logros, decir que Crawford ha cumplido en una división de flojo nivel medio midiéndose a los mejores es, simplemente, una falsedad. Todo esto no quiere decir que Crawford no hubiese podido ganar a la totalidad o a la mayoría de los púgiles de la élite, simplemente que no se ha enfrentado más que a dos boxeadores destacados y que por ello no puede ser valorado como un icono histórico del boxeo, ya que no ha hecho otra cosa que poner de manifiesto los males que acechan a este deporte al evitar los mayores peligros, escudarse en excusas para justificar las decisiones tomadas y apoyarse en una poderosa máquina propagandística para sobrevalorar sus logros. Ciertamente, es ridículo pretender que un boxeador se pueda medir a todos los púgiles que sobresalen en una categoría, dado que el boxeo moderno, por sus características, no lo permite. Pero es igual de ridículo valorar como el mejor peso superligero de la historia, siendo desacertado considerar como el 2º libra por libra en la actualidad a un Crawford que ha sustentado gran parte de su reinado con victorias ante Dulorme, Jean, Lundy y Molina a la vez que ni siquiera pensaba en dar una opción a boxeadores completamente en un nivel superior a estos.
Es por todo ello que lo mejor que puede hacer Crawford si verdaderamente quiere demostrar su valía es o enfrentarse a Prograis o Barthelemy (Lipinets quedará fuera al ser nombrado coaspirante al título vacante), o dejarse de dar rodeos y subir definitivamente al peso wélter para encarar a Thurman o a Spence. De todos modos, no es el mejor augurio respecto a su futuro ni la mejor defensa contra las críticas que Crawford haya citado recientemente como objetivos en la división superior a un Pacquiao que se debería haber retirado hace años y que está rodando cuesta abajo en su rendimiento y a un Jeff Horn que sufrió para conseguir una victoria controvertida a los puntos ante esta misma estrella.
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martes, 29 de agosto de 2017
Andrew Tabiti – Steve Cunningham (26/8/2017)
T-Mobile Arena, Las Vegas, Estados Unidos.
En juego el título NABF del peso crucero.
Dado que Steve Cunningham es un boxeador muy apreciado por el público estadounidense y por muchos de los seguidores de la división del peso crucero por su lucha para curar a su hija enferma y por ser un boxeador verdaderamente valiente, que nunca rechaza un reto por difícil o lejano que esté, en caso de que combata en una pelea contendida suele lograr ante los ojos de buena parte del público la victoria en impresión general. Esto es favorecido por su voluntad de victoria, plasmada en la constante posesión de la iniciativa y en una considerable presión. Por ello, de nuevo, han sido muchos los que han clamado contra un nuevo robo ante Andrew Tabiti, cosa que, como le pasó ante Glazkov, no es cierta si se analiza la pelea de forma imparcial y objetiva.
Durante el tramo inicial Cunningham se equivocó al permitir que la pelea tuviese una actividad baja, ya que ésto le permitió a un Tabiti más técnico y veloz utilizar simplemente su jab al cuerpo y al rostro para marcar la diferencia. Además, como Tabiti seguramente se había preparado para verse bajo intensos ataques, al no recibir más que una tenue presión, pronto se decidió a utilizar su derecha y su gancho al cuerpo, sólo viéndose contestado por algún cruzado.
Poco a poco, “USS” comenzó a acelerar sus pasos, pero su precisión resultaba bajísima, siendo evitados muchos de sus puños por la gran defensa dinámica de Tabiti, que utilizaría sus contragolpes en directo o gancho, además de su jab, para imponerse round por round. Estaba claro que Cunningham no estaba siendo el de pasados combates ni mucho menos, mostrándose muy lento y realizando un trabajo muy moderado. Aun así, pasado el ecuador de la contienda, intensificó algo su voluntad de acortar los espacios, cosa que se tradujo en desigual éxito. Primeramente, Tabiti recurriría a correr el ring de forma un tanto exagerada para evitar el riesgo, imponiendo eventualmente su 1-2. Pero posteriormente, tanto en el séptimo como en el octavo asalto, Cunningham consiguió cortar el ring y encerrar a su oponente, al que alcanzó con algunas manos claras aunque intercaladas por numerosas entradas en clinch forzadas por su rival.
En cualquier caso, en los rounds finales Andrew Tabiti 15(12KO)-0 consiguió retomar el control con su jab y neutralizar con poco esfuerzo las ofensivas de su adversario, logrando una merecida victoria por decisión unánime, siendo las cartulinas de doble 97-93, totalmente justas, y la restante de 100-90, muy excesiva. Pese a ésta, tildar el veredicto de robo por una mala puntuación no es posible, siendo claro que Tabiti mereció el triunfo. La puntuación de Bastión Boxeo es de 98-92 a favor de Tabiti.
Ciertamente, aunque ya fue campeón mundial, el boxeo no siempre ha sido justo con Cunningham 29(13KO)-9(1)-1, que ha recibido varias cuestionables decisiones en peleas muy importantes y que pese a ello nunca ha dejado de aceptar riesgos enormes. Todo ello en una época en la que los boxeadores-diva campan a sus anchas evitando rivales, escogiendo a sus oponentes cuando más débiles están y pavoneándose, pese a sustentar su récord con oponentes asequibles, como un top libra por libra. Por esto, la carrera de Cunningham debe ser debidamente juzgada y darle un crédito enorme, superando simplemente por su valentía a boxeadores con más cualidades técnicas y mejor considerados pero carentes de coraje para afrontar los mayores retos en cualquier ocasión. De todos modos, esto no debe nublar nuestra vista, siendo su derrota ante Tabiti justa, pareciendo además que su rendimiento ha decrecido claramente tras el knockout sufrido ante Glowacki, por lo que quizás deba empezar a pensar en el retiro definitivo.
Por lo que respecta a Tabiti, el apodo “The Beast” (la Bestia), no se corresponde en absoluto con su estilo, siendo simplemente un boxeador con buena técnica pero sin excesiva pegada que se limita a correr el ring, a veces a la desesperada, intentando puntuar. Respecto a su buen porcentaje de knockouts, éste ha sido inflado ante púgiles muy modestos, por lo que, como ha demostrado su primer combate ante un oponente de nivel, difícilmente podrá labrarse un camino hacia la cumbre a base de triunfos antes del límite. Es más, a no ser que su promotora y los jueces le ayuden, parece ahora mismo realmente difícil que pueda coronarse campeón en una división como la del peso crucero, quizás la que tiene más nivel medio de la actualidad en su top 15. Puede que si, cuando termine las World Boxing Super Series, el ganador asciende al peso pesado, un cinturón vacante pueda ser adquirido por Tabiti ante un coaspirante sencillo, pero midiéndose a un oponente de la élite sus posibilidades de triunfo parecen hoy por hoy muy bajas.
En juego el título NABF del peso crucero.
Dado que Steve Cunningham es un boxeador muy apreciado por el público estadounidense y por muchos de los seguidores de la división del peso crucero por su lucha para curar a su hija enferma y por ser un boxeador verdaderamente valiente, que nunca rechaza un reto por difícil o lejano que esté, en caso de que combata en una pelea contendida suele lograr ante los ojos de buena parte del público la victoria en impresión general. Esto es favorecido por su voluntad de victoria, plasmada en la constante posesión de la iniciativa y en una considerable presión. Por ello, de nuevo, han sido muchos los que han clamado contra un nuevo robo ante Andrew Tabiti, cosa que, como le pasó ante Glazkov, no es cierta si se analiza la pelea de forma imparcial y objetiva.
Durante el tramo inicial Cunningham se equivocó al permitir que la pelea tuviese una actividad baja, ya que ésto le permitió a un Tabiti más técnico y veloz utilizar simplemente su jab al cuerpo y al rostro para marcar la diferencia. Además, como Tabiti seguramente se había preparado para verse bajo intensos ataques, al no recibir más que una tenue presión, pronto se decidió a utilizar su derecha y su gancho al cuerpo, sólo viéndose contestado por algún cruzado.
Poco a poco, “USS” comenzó a acelerar sus pasos, pero su precisión resultaba bajísima, siendo evitados muchos de sus puños por la gran defensa dinámica de Tabiti, que utilizaría sus contragolpes en directo o gancho, además de su jab, para imponerse round por round. Estaba claro que Cunningham no estaba siendo el de pasados combates ni mucho menos, mostrándose muy lento y realizando un trabajo muy moderado. Aun así, pasado el ecuador de la contienda, intensificó algo su voluntad de acortar los espacios, cosa que se tradujo en desigual éxito. Primeramente, Tabiti recurriría a correr el ring de forma un tanto exagerada para evitar el riesgo, imponiendo eventualmente su 1-2. Pero posteriormente, tanto en el séptimo como en el octavo asalto, Cunningham consiguió cortar el ring y encerrar a su oponente, al que alcanzó con algunas manos claras aunque intercaladas por numerosas entradas en clinch forzadas por su rival.
En cualquier caso, en los rounds finales Andrew Tabiti 15(12KO)-0 consiguió retomar el control con su jab y neutralizar con poco esfuerzo las ofensivas de su adversario, logrando una merecida victoria por decisión unánime, siendo las cartulinas de doble 97-93, totalmente justas, y la restante de 100-90, muy excesiva. Pese a ésta, tildar el veredicto de robo por una mala puntuación no es posible, siendo claro que Tabiti mereció el triunfo. La puntuación de Bastión Boxeo es de 98-92 a favor de Tabiti.
Ciertamente, aunque ya fue campeón mundial, el boxeo no siempre ha sido justo con Cunningham 29(13KO)-9(1)-1, que ha recibido varias cuestionables decisiones en peleas muy importantes y que pese a ello nunca ha dejado de aceptar riesgos enormes. Todo ello en una época en la que los boxeadores-diva campan a sus anchas evitando rivales, escogiendo a sus oponentes cuando más débiles están y pavoneándose, pese a sustentar su récord con oponentes asequibles, como un top libra por libra. Por esto, la carrera de Cunningham debe ser debidamente juzgada y darle un crédito enorme, superando simplemente por su valentía a boxeadores con más cualidades técnicas y mejor considerados pero carentes de coraje para afrontar los mayores retos en cualquier ocasión. De todos modos, esto no debe nublar nuestra vista, siendo su derrota ante Tabiti justa, pareciendo además que su rendimiento ha decrecido claramente tras el knockout sufrido ante Glowacki, por lo que quizás deba empezar a pensar en el retiro definitivo.
Por lo que respecta a Tabiti, el apodo “The Beast” (la Bestia), no se corresponde en absoluto con su estilo, siendo simplemente un boxeador con buena técnica pero sin excesiva pegada que se limita a correr el ring, a veces a la desesperada, intentando puntuar. Respecto a su buen porcentaje de knockouts, éste ha sido inflado ante púgiles muy modestos, por lo que, como ha demostrado su primer combate ante un oponente de nivel, difícilmente podrá labrarse un camino hacia la cumbre a base de triunfos antes del límite. Es más, a no ser que su promotora y los jueces le ayuden, parece ahora mismo realmente difícil que pueda coronarse campeón en una división como la del peso crucero, quizás la que tiene más nivel medio de la actualidad en su top 15. Puede que si, cuando termine las World Boxing Super Series, el ganador asciende al peso pesado, un cinturón vacante pueda ser adquirido por Tabiti ante un coaspirante sencillo, pero midiéndose a un oponente de la élite sus posibilidades de triunfo parecen hoy por hoy muy bajas.
jueves, 6 de julio de 2017
Pacquiao-Horn, una controversia de múltiples caras
El entonces campeón mundial WBO del peso wélter Manny Pacquiao 59(38KO)-7(3)-2 entró al ring el pasado domingo (hora australiana) como clarísimo favorito. Esto era así no porque Horn fuese un desconocido, sino porque el local hasta la fecha no había demostrado ser un púgil de la élite. No lo había demostrado ante el excampeón de la Unión Europea Ahmed El Mousaoui, que mantuvo contendida la pelea. Ni contra Randall Bailey, veteranísimo boxeador que no hacia mucho que había salido del retiro y que, aun así, tumbó a Horn sobre la lona. Por último, tampoco mostró su valía ante otro veterano púgil como Ali Funeka que, si bien fue derrotado en el sexto asalto, también tumbó a “The Hornet”.
Así, resulta totalmente falso afirmar que Horn había puesto de manifiesto anteriormente que era una estrella emergente de inigualable esplendor o que era enormemente plausible que venciese a Pacquiao. Al respecto en Estados Unidos ha surgido una controversia entre el comentarista Stephen A. Smith y el experto Al Bernstein, aunque ésta no está transcurriendo en los cauces adecuados. Es verdad que Smith, como él mismo ha confesado, no es un gran conocedor del boxeo, y, por otro lado, sus desprecios a Horn no resultaron profesionales ni correctos, pero Bernstein se equivoca al justificar estos argumentos con una sobrevaloración de la carrera del australiano y del nivel al que combatieron con él Bailey y Funeka, que habían pasado hace mucho su mejor momento.
En cualquier caso, esta polémica entre comentaristas demuestra el grado de complejidad que han llegado a alcanzar las repercusiones de la derrota de Pacquiao ante Horn y de la decisión de los tres jueces a favor del australiano.
Evidentemente, se podía considerar que algún día, como todo boxeador, Pacquiao entraría en un bajón de rendimiento decisivo que, tarde o temprano, le supondría sumar una clara derrota que le llevase a cuestionarse su continuidad como púgil en activo, pero, igualmente, no había graves síntomas de que eso pudiese pasarle contra Horn. Pero al igual que muchos críticos afirman ahora que a la perfección pudieron prever la victoria de éste, muchos otros, como si fuesen parte de su equipo y círculo más cercano o como si tuviesen poderes clarividentes, afirman saber, absurdamente, que sería entonces cuando el rendimiento de Pacquiao empezaría a diluirse.
Sea como sea, realmente, dejando al margen si hubo polémica o no en las cartulinas, lo que es innegable es que “Pac Man” boxeó infinitamente lejos de su mejor nivel y que debería empezar a evaluar su retiro como afirma que hará. Muchísimo más lento, falto de astucia o de habilidad al contragolpe, se dejó encerrar repetidas veces por un Horn que sólo ofreció empuje, frecuencia y valentía. En sus anteriores dos peleas, ante Bradley y Vargas, Pacquiao había usado su versión conservadora pero dominadora a la perfección, pero en esta ocasión, no tenía ni la rapidez ni la explosividad para imponerla ante un Horn que salió al ring dispuesto a aprovechar la mayor oportunidad de su carrera.
De todos modos, ni mucho menos deben haber tantos elogios para Jeff Horn 17(11KO)-0-1, porque simplemente no los merece. Está claro que tiene mucho mérito pelear con ese arrojo ante un top de todos los pesos y una leyenda en activo del pugilismo como Pacquiao, pero más allá de esto, no demostró nada especial. Los golpes de poder del filipino, como señala el control computerizado, llegaron con mucha claridad y elevado número contra Horn, que en el boxeo que más domina, el que se desarrolla en la distancia larga, fue neutralizado una y otra vez por Pacquiao. Así, la que se decía era una complejísima táctica para derrotar al campeón no era más que un elevado ritmo combativo, estrategia que podría haber sido utilizada con mucha mayor destreza y mayor limpieza por decenas de boxeadores en la categoría. Porque no se debe pasar por alto que Horn actuó de forma enormemente tramposa, usando cabezazos de forma deliberada, al igual que codazos y empujones y estirones para desequilibrar a su rival, a quien le provocó dos serios cortes. Además erró una enorme cantidad de golpes lanzados al aire o bloqueados por su oponente.
Por otro lado, otra vez Horn demostró que su encaje es bastante moderado cuanto menos, ya que en el noveno asalto, en una de las únicas ofensivas verdaderamente decididas de Pacquiao en el combate, quedó muy tocado y a punto estuvo de ser derrotado antes del límite, pudiendo habernos ahorrado toda esta polémica de enormes proporciones. Y es que entre los que dicen que el veredicto es el robo del siglo, algo que no es verdad porque la pelea en líneas generales estuvo igualada, y los que aseguran que Horn ganó claramente y sólo se están poniendo cortinas de humo para proteger a una estrella, cosa igualmente falsa, el boxeo como deporte está recibiendo acusaciones de corrupción constantes y equivocadamente apuntadas, siendo algunas de ellas respaldadas por aficionados que ni siquiera llegan a casuales pero que se dan a si mismos el derecho a aseverar sin genero de dudas que el pugilismo es el deporte más corrupto.
Como tantas veces hemos dicho, en el boxeo, como en cualquier otro deporte, existen manipulaciones políticas, económicas e ideológicas que hacen que pueda existir la corrupción, pero ésta no es mayor que la que se puede encontrar en cualquier otro deporte de balón, de contacto, de velocidad o puntado por un panel de expertos. En la Formula 1 se han llegado a cambiar las normas de un día para otro para favorecer a un piloto; en Moto GP se han elegido sanciones desiguales a diferentes pilotos por las mismas infracciones, algo que también pasa en la Formula 1; en el atletismo se ha descalificado a un corredor por una salida falsa cuestionable mientras se daba una segunda oportunidad a otro o se han hecho mediciones equivocadas de un salto; en la esgrima se ha llegado a robar una medalla olímpica por un supuesto fallo en un sensor; en el salto de trampolín un idénticamente ejecutado triple mortal es puntuado a un país con un 10 y a otro con un 8,5 por los jueces; en el balonmano se ha permitido a un equipo defender con toda la dureza del mundo y tener posesiones larguísimas mientras el otro no le queda ni margen para jugar; en una final olímpica de baloncesto se llegaron a tolerar decenas, por no decir un centenar, de infracciones para no perjudicar a un equipo que ni siquiera sabía con qué reglas jugaba; ¿Hace falta que hablemos de los fallos arbitrales en el fútbol?
Con ejemplos como estos podríamos llenar todo internet sin terminar de enumerarlos todos, pero bastan estos casos para que quede claro que corrupción hay en todo deporte, como lo hay en todo ámbito de la actividad humana. Cualquiera tiene derecho a decir lo que crea conveniente, aunque no tenga ni idea sobre el tema en cuestión, si bien esto no resulta ni lógico ni moral, pero debe quedar claro para las personas imparciales que el Pacquiao-Horn no fue la peor mancha en el boxeo y ni mucha menos en el deporte, como algunos han afirmado.
Por otro lado, es normal que los aficionados al boxeo critiquemos con toda la dureza posible casos como los dos combates entre Ward y Kovalev, pero resulta enormemente peligroso para el pugilisimo, siempre cuestionado haga algo bien o mal, que se den voces desmedidas contra un supuesto robo atroz a una de las estrellas más conocidas incluso por los que no son aficionados, ya que con ello sólo se hace que favorecer el descrédito del deporte de las 16 cuerdas entre quienes no lo conocen.
Eso no quiere decir que no se debe estar en contra del veredicto o que no se deba manifestar, pero no resulta conveniente que los aficionados, expertos y practicantes de boxeo den alas a los que sólo intentan menoscabar este deporte y ni siquiera han visualizado el enfrentamiento. Del mismo modo, hay incluso quienes llegan a afirmar que es un robo espeluznante teniendo ellos en su cartulina un 115-113 a favor de Pacquiao, siendo perfectamente plausible pasar de esa puntuación a un 113-115 a favor de Horn si dos de los asaltos más igualados se le dan a éste. Por contra, no se debe pasar por alto que la puntuación de Waleska Roldán de 117-111 es enormemente exagerada, equivocada y un esperpento, pero eso es por un motivo tan sencillo como que suele hacer mal su trabajo en los grandes combates que puntúa, tendiendo siempre a lecturas absolutas y pocas veces moderadas, cosa que se puede comprobar en su récord de los últimos años.
Respecto a la polémica deportiva en sí, resultó evidente que en el choque se contraponía la elevada frecuencia de golpeo del local con la menor cadencia pero mayor precisión del filipino, que conectó con destreza buenos contragolpes a la vez que Horn erraba o veía bloqueados un considerable número de sus cuantiosos puños. Así, con rounds verdaderamente intensos, resultó difícil en directo decidir siempre si la presión de Horn era efectiva o no, estando condicionada muchas veces esta apreciación por los deseos del propio espectador. Por ello, mientras Teddy Atlas vociferaba como un maníaco a favor de Pacquiao, expertos australianos hicieron lo mismo por Horn. Sea como sea, aunque los jueces, mejor situados que nadie en el estadio, vieron la victoria de Horn, el conteo computerizado (cuyos datos no siempre son fiables) vio el triunfo de Pacquiao al igual que la mayoría de críticos y aficionados. Por ello, se debe concluir que si bien en golpes de poder el visitante fue superior, el local por actitud y dominio del ring generó una sensación de control general. Así, si sumamos a ello unos cuantos rounds muy igualados, tenemos varias lecturas posibles pero razonadas del encuentro y ni mucho menos es el veredicto más controvertido del año.
De todos modos, como arriba hemos mencionado, la polémica se está apuntando de manera equivocada. Se centra demasiado en los jueces, pero pasa por alto algo evidente, la extraña actitud del promotor Bob Arum, algo que el mismo equipo de Pacquiao ha señalado.
Durante años, Arum ha sido un paladín despiadado a favor de su boxeador, pero no en esta ocasión. Si bien en el pasado Arum no ha ahorrado insultos y palabras malsonantes para criticar a los jueces que habían perjudicado a su máxima estrella, e incluso llegó a pedir una investigación a la Comisión de Nevada señalando la posibilidad de la corrupción en este órgano, ahora, que la derrota de Pacquiao le hará perder, en teoría, mucho dinero, simplemente se limita a aceptar enteramente e incluso respaldar el controvertido veredicto, centrando todo su desdén y reproches hacia el propio boxeador filipino y hacia su equipo.
Ciertamente, la oferta recibida por pelear con Horn tenía mucho sentido desde el punto de vista económico, pero no tenía más sentido que lo que se podría lograr con un Pacquiao-Spence o un Pacquiao-Crawford, por lo que aceptar la perdida del enorme beneficio de estas posibilidades con alegría y calma no parece una actitud lógica, menos aún de parte de un Arum al que sólo le importa el dinero. Es por este motivo que, como pasó después del primer combate ante Bradley, han empezado a surgir voces que afirman que todo esto ha sido una conspiración elaborada por el dirigente de Top Rank. Al igual que se dice que Arum propició el favorable veredicto hacia Bradley para ganar muchos millones con una revancha o incluso para intentar forzar el final del contrato de Pacquiao, ahora se señala que Arum habría preparado esta encerrona por dos idénticos motivos: exprimir hasta el final el último céntimo que pueda darle Pacquiao o hacer que se aleje de su compañía rescindiendo el contrato.
Para muchos así las piezas de la polémica empiezan a encajar. Pacquiao dice que parecía que el árbitro intentase ayudar a Horn, al que no penalizó y ni siquiera advirtió por su evidente e inaceptable juego sucio, permitiendo con ello que el campeón se descentrase y diese margen de maniobra a los jueces (recordemos que es obligación del promotor encargarse del pago y los gastos de los jueces y del árbitro, cosa que no es un rumor o una conspiración, es un hecho aceptado y público). De este modo, “Pac Man” sufre una derrota polémica que, coincidiendo con su bajón en rendimiento, le pone a un paso del retiro, pero Arum no protesta por ello, sino que critica a su propio boxeador y a su equipo a la vez que ensalza a un Horn que fue apuesta personal suya y al cual ahora se dice que pasará de copromocionar a promocionar de forma absoluta. Todo ello mientras un posible último combate de Pacquiao le haría ganar a Top Rank unas cifras escandalosamente elevadas. A la vez, el representante ante los medios de Pacquiao asegura que Arum está buscando una nueva máquina de hacer dinero y que pretende finalizar el contrato del ahora excampeón... Así, como siempre, sólo hay que ver quién organizó este combate contra un desconocido, habiendo mucho que ganar pero, en teoría, más que perder, y comprobar a quién beneficia el resultado final para ver quién es el verdadero personaje corrupto que mueve los hilos en las sombras.
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